jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 1. Un café, dos vidas y el tercero en discordia. Primera Parte


El vagón del metro iba como todos los días sin espacio para uno más pero en cada parada entraban más y más.
Alberto iba leyendo el ejemplar del “Free Metro”, su pobre salario como “waiter” en un Coffee Shop no le daba para comprar la prensa cada día. Siempre aprovechaba ese rato para escribir anotaciones de su blog en la esquinas de las páginas.
Mientras intentaba buscar el apartado del horóscopo, de repente, notó un calor intenso en su pierna derecha. En ese mismo instante levantó la mirada con aire asesina para averiguar de donde provenía el café que en su pierna había caído.
Y allí estaba la culpable, frente a él y ni si quira dijo un Sorry!. Allí, estaba aquel ejemplar de muñeca gótica que iba escuchando en su Ipod música diabólica y allí, estaba Alberto con sus pantalones nuevos del Primark, que se los había puesto hoy para ir al Soho. Y la gente seguía como si nada. ¿Pero es que nadie se había dado cuenta que aquella individua le había manchado sus pantalones de color mostaza de 6 Libras? La pareja que iba al lado seguía con sus besos matutinos, el hombre del otro asiento dormido como si nada y las decenas de piernas que veía desde su asiento todas pensando en la parada siguiente.
Y allí estaba él sin saber qué hacer.
Así que con el olor a café y la rabía de no saber qué hacer por poco se pasó de la parada de Tottenham Court Road. Se levantó de un saltó y sin decir el típico Sorry salió de un salto del vagón.
Mientras iba caminando direción al café Nero del Soho, no paraba de pensar en la mala educación que había tenido aquella chica.
Pero en fin eso es London una ciudad en la que todo el mundo va a su ritmo y a veces el perdón y el lo siento vienen o no vienen, vamos como la Central Line que a veces funciona y la  mayoría te deja tirado.
Ya había llegado al Café Nero, haciendo cola para pedir si “capuccino small to go out”. Tan solo se lo pedía Big cuando había gastado el cupón en el que al décimo te sale gratis un café.  Justo en el momento que fue a pedir su Cappuccino nuevamente la Dama de la Muerte se le adelantó y pidió ella.
Hasta aquí podiamos llegar, pensó Alberto. La lesbiana esta, la envío hacer bollos ahora mismo. Y justo cuando pensó la frase correcta, en inglés obviamente, La chica le miró y le dijo:
-       Perdón, qué quieres tomar, Yo te invito, por lo del metro. Pero vamos tan solo fueron cuatro gotas.
Alberto no supo qué decir si gracias, si vete a la mierda, cuatro gotas... Así que optó por dar las gracias e irse hacia su lugar favorito del café Nero la barra que está enfrente del Cafe Italia. En ese lugar ve a la gente pasar y coge ideas y relatos para su Blog, además que está en la galería y también le pueden observar, se hace el interesante y a veces hasta el arrogante-culto-escritor que no escribe nada pero que se hace notar. Para la mayoría es uno más de los que no quiere nada pero que el radar lo tiene activado, no usa APP para conocer gente y esas cosas pero vamos sabe en todo momento quien entra y quien sale del Cafe Nero y si ve alguno que lo gusta hace todo lo posible para acabar sentado junto a él aunque luego no se capaz ni de decir Hello, how are you?.
Y se sentó, sacó su libreta, su Bolígrafo Bic y su móvil. Una vez dado el primer sorbo al café, se quedó un rato en blanco mirando la calle, era martes, un día más, las 11 de la mañana y el soho estaba lleno, bueno cuándo el Soho ha estado vacío pensó.
En una ciudad con algo más de siete millones de habitantes, ya es casi imposible coincidir con alguna persona, que conozcas pero más imposible es coincidir en el mismo día dos veces con la misma persona y como no hay dos sin tres vino la tercera vez.
Así que Alberto pensó “yo he tenido la mala suerte de dos veces encontrarme con la muñeca diabólica”. Pero bueno se había llevado un café gratis y tal cómo es de cara la vida en London nunca estaba de más. Lo que no sabía que la tercera vez en coincidir con ella estaba en la silla del al lado. Así que la pequeña Lucifer se sentó a su lado dispuesta a establecer conversación con él.
Y a Alberto no lo quedó otra cosa más que aguantar la conversación.
-       Hola me llamo Nadia, qué tal... Soy maquilladora forense... BLA BLA BLA BLA...
Aquella chica no callaba era un huracán de palabras y frases, No respiraba. De su boca salían dos mil palabras por segundo, sin dejar tiempo a que Alberto pudiera reaccionar y responder.
Él pobre escritor utilizó la técnica repetir lo último que escuchaba para que ella pudiera pensar de que él estaba prestando atención. Justo cuando ella paró un momento para dar un sorbo a su café, Alberto aprovechó para decir:
-       Bien, esto mira mi pantalón. Y ahora que..
-       Hombre mira chico, estás en London y en el Soho, en lo último que la gente se va a fijar es en tú pantalón.
Nadia sacó un spray de colores y se lo echó por el pantalón. de tal forma que el pantalón verde ahora de muchos colores, vamos le quedó un pantalón único.
-       Ves, ahora seguro que nadie se fija en la mancha del pantalón y así se fijan en tus ojos que son preciosos. Que lástima que sea lesbiana, bueno pero sabes  que una vez yo tuve... BLA BLA BLA BLA
Y otra vez empezó el huracán de palabras.
Alberto era incapaz de comprender cómo quella chica era incapaz de parar de hablar. Qué había desayunado aquella chica o que se había tomado.
Si era así por la mañana y supuestamente en un estado normal cómo debería de ser estando de fiesta.
Y esa curiosidad le llevó a querer saber más de ella y se intercambiaron los teléfonos.
...
Un mes antes en el Restaurante, “Con G de Mandarina”.
-       Te lo dije. O lo arreglas o te vas a la mierda. Y que ha pasado que te crees el mejor de London, el dueño de todo y al que nadie se atreve a criticar. Pues ya sabes que va a pasar desde ahora. Mira Dominique te he dado varias oportunidades y nada de nada. Pues ahora todo London va a saber tu gran secreto. Un mes te doy de plazo lo arreglas o a ver que pasa ahora con el Gran Dominique y su “Con G de Mandarina”.
(Continuará...)



No hay comentarios:

Publicar un comentario