El vagón del metro iba como todos los días sin espacio para uno más pero en
cada parada entraban más y más.
Alberto iba leyendo el ejemplar del “Free Metro”, su pobre salario como “waiter”
en un Coffee Shop no le daba para comprar la prensa cada día. Siempre
aprovechaba ese rato para escribir anotaciones de su blog en la esquinas de las
páginas.
Mientras intentaba buscar el apartado del horóscopo, de repente, notó un
calor intenso en su pierna derecha. En ese mismo instante levantó la mirada con
aire asesina para averiguar de donde provenía el café que en su pierna había
caído.
Y allí estaba la culpable, frente a él y ni si quira dijo un Sorry!. Allí, estaba aquel ejemplar de
muñeca gótica que iba escuchando en su Ipod música diabólica y allí, estaba
Alberto con sus pantalones nuevos del Primark, que se los había puesto hoy para
ir al Soho. Y la gente seguía como si nada. ¿Pero es que nadie se había dado
cuenta que aquella individua le había manchado sus pantalones de color mostaza
de 6 Libras? La pareja que iba al lado seguía con sus besos matutinos, el
hombre del otro asiento dormido como si nada y las decenas de piernas que veía
desde su asiento todas pensando en la parada siguiente.
Y allí estaba él sin saber qué hacer.
Así que con el olor a café y la rabía de no saber qué hacer por poco se
pasó de la parada de Tottenham Court Road. Se levantó de un saltó y sin decir
el típico Sorry salió de un salto del
vagón.
Mientras iba caminando direción al café Nero del Soho, no paraba de pensar
en la mala educación que había tenido aquella chica.
Pero en fin eso es London una ciudad en la que todo el mundo va a su ritmo
y a veces el perdón y el lo siento vienen o no vienen, vamos como la Central
Line que a veces funciona y la mayoría
te deja tirado.
Ya había llegado al Café Nero, haciendo cola para pedir si “capuccino small
to go out”. Tan solo se lo pedía Big cuando había gastado el cupón en el que al
décimo te sale gratis un café. Justo en
el momento que fue a pedir su Cappuccino nuevamente la Dama de la Muerte se le
adelantó y pidió ella.
Hasta aquí podiamos llegar, pensó Alberto. La lesbiana esta, la envío hacer
bollos ahora mismo. Y justo cuando pensó la frase correcta, en inglés
obviamente, La chica le miró y le dijo:
-
Perdón,
qué quieres tomar, Yo te invito, por lo del metro. Pero vamos tan solo fueron
cuatro gotas.
Alberto no supo qué decir si gracias, si vete a la mierda, cuatro gotas...
Así que optó por dar las gracias e irse hacia su lugar favorito del café Nero
la barra que está enfrente del Cafe Italia. En ese lugar ve a la gente pasar y
coge ideas y relatos para su Blog, además que está en la galería y también le
pueden observar, se hace el interesante y a veces hasta el
arrogante-culto-escritor que no escribe nada pero que se hace notar. Para la
mayoría es uno más de los que no quiere nada pero que el radar lo tiene
activado, no usa APP para conocer gente y esas cosas pero vamos sabe en todo
momento quien entra y quien sale del Cafe Nero y si ve alguno que lo gusta hace
todo lo posible para acabar sentado junto a él aunque luego no se capaz ni de
decir Hello, how are you?.
Y se sentó, sacó su libreta, su Bolígrafo Bic y su móvil. Una vez dado el
primer sorbo al café, se quedó un rato en blanco mirando la calle, era martes,
un día más, las 11 de la mañana y el soho estaba lleno, bueno cuándo el Soho ha
estado vacío pensó.
En una ciudad con algo más de siete millones de habitantes, ya es casi
imposible coincidir con alguna persona, que conozcas pero más imposible es
coincidir en el mismo día dos veces con la misma persona y como no hay dos sin
tres vino la tercera vez.
Así que Alberto pensó “yo he tenido la mala suerte de dos veces encontrarme
con la muñeca diabólica”. Pero bueno se había llevado un café gratis y tal cómo
es de cara la vida en London nunca estaba de más. Lo que no sabía que la
tercera vez en coincidir con ella estaba en la silla del al lado. Así que la
pequeña Lucifer se sentó a su lado dispuesta a establecer conversación con él.
Y a Alberto no lo quedó otra cosa más que aguantar la conversación.
-
Hola
me llamo Nadia, qué tal... Soy maquilladora forense... BLA BLA BLA BLA...
Aquella chica no callaba era un huracán de palabras y frases, No respiraba.
De su boca salían dos mil palabras por segundo, sin dejar tiempo a que Alberto
pudiera reaccionar y responder.
Él pobre escritor utilizó la técnica repetir lo último que escuchaba para que
ella pudiera pensar de que él estaba prestando atención. Justo cuando ella paró
un momento para dar un sorbo a su café, Alberto aprovechó para decir:
-
Bien,
esto mira mi pantalón. Y ahora que..
-
Hombre
mira chico, estás en London y en el Soho, en lo último que la gente se va a
fijar es en tú pantalón.
Nadia sacó un spray de colores y se lo echó por el pantalón. de tal forma
que el pantalón verde ahora de muchos colores, vamos le quedó un pantalón
único.
-
Ves,
ahora seguro que nadie se fija en la mancha del pantalón y así se fijan en tus
ojos que son preciosos. Que lástima que sea lesbiana, bueno pero sabes que una vez yo tuve... BLA BLA BLA BLA
Y otra vez empezó el huracán de palabras.
Alberto era incapaz de comprender cómo quella chica era
incapaz de parar de hablar. Qué había desayunado aquella chica o que se había
tomado.
Si era así por la mañana y supuestamente en un estado
normal cómo debería de ser estando de fiesta.
Y esa curiosidad le llevó a querer saber más de ella y se
intercambiaron los teléfonos.
...
Un mes antes en el Restaurante, “Con G de Mandarina”.
-
Te
lo dije. O lo arreglas o te vas a la mierda. Y que ha pasado que te crees el
mejor de London, el dueño de todo y al que nadie se atreve a criticar. Pues ya
sabes que va a pasar desde ahora. Mira Dominique te he dado varias
oportunidades y nada de nada. Pues ahora todo London va a saber tu gran
secreto. Un mes te doy de plazo lo arreglas o a ver que pasa ahora con el Gran
Dominique y su “Con G de Mandarina”.
(Continuará...)
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